Programa 2026
Consulte el programa completo de la sexta edición del Festival Cap Rocat.
Viernes, 31 de julio de 2026
Recital
Reparto
Tenor Juan Diego Flórez
Pianista Vincenzo Scalera
“Malinconia, ninfa gentile”
“Vaga luna che inargenti“
“La ricordanza”
Vincenzo Bellini
“La lontananza”
“L’esule”
“Une bagatelle” —de Péchés de vieillesse (para piano solo)
Gioachino Rossini
“Ah! Rammenta, o bella Irene”
Gaetano Donizetti
“Sì, ritrovarla io giuro” —de La cenerentola
Gioachino Rossini
INTERMEDIO
“Bella enamorada” —de El último romántico
Reveriano Soutullo y Juan Vert
“Suena, guitarrico mío” —de El guitarrico
Agustín Pérez Soriano
“Aquí está quien lo tiene tó… Al mismo rey del moro” —de La alegría del batallón
José Serrano
Mazurka Glissando —para piano solo
Ernesto Lecuona
“Pourquoi me réveiller ?” —de Werther
Jules Massenet
“L’amour !… Ah, lève-toi, soleil” —de Roméo et Juliette
Charles Gounod
“Berceuse” —de Jocelyn (arreglo para piano solo)
Benjamin Godard
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Este concierto propone un amplio recorrido por la tradición lírica europea, desde el refinamiento del bel canto rossiniano hasta la pasión verdiana y el lirismo popular de la zarzuela española. El hilo conductor es la figura del tenor, protagonista de algunas de las páginas más exigentes y emocionantes del repertorio operístico, capaz de encarnar al héroe romántico, al amante apasionado, al soñador idealista o al galán popular.
El programa está concebido como un viaje estilístico que muestra la evolución del lenguaje vocal y teatral a lo largo del siglo XIX y principios del XX, combinando el virtuosismo del bel canto con la intensidad dramática del romanticismo y la cercanía expresiva del teatro lírico español.
Primera parte: Rossini y el esplendor del bel canto
La primera parte está íntegramente dedicada a Gioachino Rossini (1792–1868), figura central del bel canto italiano y uno de los compositores más influyentes de la primera mitad del siglo XIX. Su música se caracteriza por el equilibrio entre elegancia melódica, vitalidad rítmica y una escritura vocal de extrema precisión técnica.
La obertura de La gazza ladra, una de las páginas sinfónicas más populares de Rossini, introduce al oyente en su universo sonoro. El célebre redoble inicial de caja y el progresivo crescendo que atraviesa toda la pieza son ejemplos paradigmáticos de la llamada “fórmula rossiniana”, un procedimiento que combina repetición, acumulación de energía y brillantez orquestal para crear una sensación de expectación teatral.
El aria “Quell’alme pupille” de Il turco in Italia muestra el refinamiento melódico y el carácter galante del Rossini cómico. Se trata de una página de gran elegancia, en la que la línea vocal se despliega con gracia y ligereza, reflejando el espíritu seductor y desenfadado de la obra.
La famosa aria de Don Ramiro, “Si, ritrovarla io giuro” de La Cenerentola, representa uno de los mayores retos del repertorio tenoril belcantista. Su escritura exige una perfecta coordinación entre agilidad, precisión rítmica y brillantez en el registro agudo. Musicalmente, el aria expresa la determinación amorosa del príncipe, con un carácter noble y luminoso que culmina en una cabaletta de gran virtuosismo.
El final del acto III de Il viaggio a Reims, con su ritornello de ballet, pertenece a una obra concebida para una ocasión festiva: la coronación de Carlos X de Francia. En esta partitura, Rossini despliega un estilo brillante, casi ceremonial, lleno de color orquestal y espíritu teatral. Es una música concebida para el espectáculo y la celebración, reflejo de la opulencia del contexto para el que fue creada.
La primera parte culmina con la gran escena de Arnold, “Asile héréditaire” de Guillaume Tell, obra que marca la transición de Rossini hacia una estética más dramática y romántica. Aquí el compositor abandona en parte la ligereza del bel canto para adentrarse en una escritura de mayor intensidad emocional. El aria exige al tenor no solo un virtuosismo técnico extraordinario, sino también una gran capacidad expresiva, culminando en la célebre sección final, uno de los momentos más heroicos del repertorio.
Segunda parte: del lirismo popular a la pasión romántica
La segunda parte abre el abanico estilístico y geográfico, trasladando al oyente desde el teatro lírico español hasta el romanticismo francés e italiano.
“Bella enamorada”, de El último romántico de Soutullo y Vert, es una de las romanzas más populares de la zarzuela. Su melodía amplia y apasionada, de inspiración casi operística, refleja el sentimentalismo característico del género en el primer tercio del siglo XX, donde el canto se convierte en vehículo de emoción directa y cercana al público.
En “Suena guitarrico” de El Guitarrico de Agustín Pérez Soriano, el lenguaje musical se impregna de color local. La escritura evoca el ambiente festivo y popular, con ritmos vivos y un carácter ligero que conecta con la tradición española.
La romanza “Aquí está quien lo tiene tó y no tiene ná” de La alegría del batallón de José Serrano combina humor, lirismo y un cierto tono sentimental. En ella se aprecia el equilibrio entre lo cómico y lo emotivo, rasgo característico de muchas zarzuelas del repertorio.
El Preludio de La revoltosa de Ruperto Chapí es una de las páginas orquestales más representativas del género. En pocos minutos, el compositor condensa el ambiente del Madrid castizo con una música llena de ritmo, color y vitalidad, demostrando su maestría orquestal.
El aria de Kleinzach, « Il était une fois à la cour d’Eisenach » de Les contes d’Hoffmann de Jacques Offenbach, introduce un cambio de atmósfera. El protagonista, entre el humor grotesco y el ensueño poético, alterna dos mundos psicológicos en una misma escena. Offenbach combina aquí su talento para la sátira con un lirismo melancólico, anticipando el tono fantástico y trágico de la ópera.
El Preludio de La Traviata de Giuseppe Verdi ofrece uno de los momentos más íntimos del programa. Su delicada transparencia orquestal y su carácter introspectivo anticipan el drama de Violetta, convirtiéndose en una de las páginas más conmovedoras del repertorio operístico.
La gran escena “Odi il voto – Sprezzo la vita” de Ernani representa el Verdi de juventud, lleno de impulso dramático y pasión romántica. El tenor encarna aquí al héroe que desafía el destino, movido por el amor y el honor. La escritura vocal, intensa y ardiente, exige una gran potencia expresiva y un fraseo de amplio aliento.
Giuseppe Verdi
“La mia letizia infondere... Come poteva un angelo” —de I Lombardi
Sábado, 1 de agosto de 2026
Jan Lisiecki
Recital de piano
Drei tschechische Tänze —H. 154
I. Okročák
II. Dupák
III. Polka
Bohuslav Martinů (1890 – 1959)
Danza Española —Nr. 2 & 1 (aus La vida breve
Manuel de Falla (1876 – 1946)
Vier polnische Tänze —M60
Mazurek. Tempo di Mazurka, animato
Polonaise. Moderato. Festivo, pomposo
Krakowiak. Alegretto gracioso
Oberek. Vivace ed agitato
Karol Szymanowski (1882 - 1937)
16 deutsche Tänze —D. 783
Franz Schubert (1797 – 1828)
Rumänische Volkstänze —Sz. 56
I. Jocul cu bâtă (Der Tanz mit dem Stabe). Allegro moderato
II. Brâul (Gürteltanz). Allegro
III. Pe loc (Der Stampfer). Andante
IV. Buciumeana (Tanz aus Butschum). Molto moderato
V. Poarga românească (Rumänische Polka). Allegro
VI. Mărunţel (Schnelltanz). Allegro
Béla Bartók (1881 – 1945
Alberto Ginastera (1916 – 1983)
Danzas Argentinas —Op. 2
I. Danza del viejo boyero (Tanz des alten Rinderhirten)
II. Danza de la moza donosa (Tanz des anmutigen Mädchens)
III. Danza del gaucho matrero (Tanz des wilden Gauchos)
INTERMEDIO
Grand Valse Brillante Es-Dur —Op. 18
Frédéric Chopin (1810 – 1849)
Walzer gis-Moll —Op. 39 Nr. 3
Johannes Brahms (1833 – 1897)
Walzer —Op. 34
I. As-Dur. Vivace
II. a-Moll. Lento
Frédéric Chopin (1810 – 1849)
Walzer As-Dur —Op. 39 Nr. 15
Johannes Brahms (1833 – 1897)
Libertango —Bearbeitung für Klavier: Nikolai Kuznetsov
Astor Piazzolla (1921 – 1992)
España —Op. 165
II. Tango. Andantino
Isaac Albéniz (1860 – 1909)
Danza ritual del fuego —aus El amor brujo
Manuel de Falla (1876 – 1946)
Polonaise As-Dur —Op. 53
Frédéric Chopin (1810 – 1849)
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La historia de la música occidental está profundamente ligada a la danza. Mucho antes de que la sinfonía o el concierto se consolidaran como formas autónomas, la música instrumental encontraba su razón de ser en el movimiento corporal. Desde las cortes renacentistas hasta las celebraciones populares, bailar significaba participar de una identidad colectiva. Con el paso de los siglos, los compositores comenzaron a trasladar esas danzas al escenario de concierto, conservando su energía rítmica pero elevándolas a una dimensión artística más compleja. El recital de esta noche explora precisamente esa transformación. A través de un recorrido que abarca desde Bohemia hasta Argentina, pasando por Polonia, Hungría, España y Austria, Jan Lisiecki nos invita a descubrir cómo la danza puede convertirse en poesía, en evocación nostálgica, en afirmación nacional o en espectacular despliegue virtuoso.
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Bohuslav Martinů (1890–1959)
Tres danzas checas, H. 154
Compuestas en 1926, las Tres danzas checas reflejan el profundo vínculo de Martinů con las tradiciones populares de su país. Aunque escritas durante los años en que el compositor residía en París y absorbía las influencias del neoclasicismo francés, estas piezas mantienen intacto el espíritu de las fiestas rurales de Bohemia y Moravia.
La colección comienza con el Okročák, una danza viva y asimétrica que parece avanzar con impulsos irregulares y espontáneos. Le sigue el Dupák, caracterizado por los golpes de pie y los acentos enérgicos que evocan una celebración campesina. Finalmente, la Polka, quizá la danza checa más internacional, aparece revestida de la brillantez armónica y la imaginación rítmica características de Martinů.
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Manuel de Falla (1876–1946)
Danzas españolas nº 1 y nº 2 de La vida breve
La vida breve fue la primera gran obra maestra de Manuel de Falla. Ambientada en Granada y profundamente influida por el flamenco andaluz, la ópera contiene dos interludios de danza que pronto adquirieron vida propia en los escenarios de concierto.
La Danza española nº 1 despliega un lenguaje lleno de sensualidad y elegancia, mientras que la Danza española nº 2 incorpora ritmos más marcados y un carácter más extrovertido. Ambas piezas condensan uno de los rasgos más admirados del arte de Falla: su capacidad para transformar elementos populares españoles en música refinada y universal.
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Karol Szymanowski (1882–1937)
Cuatro danzas polacas, Op. 60
En la última etapa de su vida, Szymanowski buscó una voz genuinamente polaca inspirándose en el folclore de los montes Tatra y en las antiguas tradiciones nacionales. Las Cuatro danzas polacas representan esa síntesis entre modernidad y tradición.
El Mazurek conserva el ritmo característico de la mazurca, tan ligado a la identidad polaca desde Chopin. La Polonesa aporta solemnidad ceremonial y nobleza aristocrática. El Krakowiak, asociado a la región de Cracovia, se distingue por su elegancia ligera y su gracia casi teatral. Finalmente, el Oberek cierra la colección con una energía vertiginosa y una escritura pianística de enorme brillantez.
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Franz Schubert (1797–1828)
16 danzas alemanas, D. 783
Para Schubert, la danza formaba parte inseparable de la vida cotidiana vienesa. Estas breves miniaturas fueron concebidas para reuniones domésticas y veladas sociales, donde el compositor improvisaba al piano para amigos y familiares. A pesar de su aparente sencillez, las Danzas alemanas revelan una extraordinaria capacidad melódica. Cada pieza posee una personalidad propia: unas son alegres y desenfadadas; otras, melancólicas o contemplativas. En ellas encontramos la esencia del Schubert más íntimo, capaz de sugerir un universo emocional completo en apenas unos compases.
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Béla Bartók (1881–1945)
Danzas populares rumanas, Sz. 56
Pocas obras representan mejor la labor etnomusicológica de Bartók. Fascinado por las músicas tradicionales de Europa oriental, el compositor recorrió aldeas remotas grabando y transcribiendo miles de melodías populares.
Las Danzas populares rumanas reúnen seis piezas breves basadas en melodías auténticas recogidas en Transilvania. Desde el vigoroso Tanz mit dem Stabe hasta el electrizante Mărunţel final, Bartók conserva la autenticidad de las fuentes populares mientras las integra en un lenguaje armónico moderno y sofisticado. El resultado es una de las obras más queridas y accesibles de todo su catálogo.
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Alberto Ginastera (1916–1983)
Danzas argentinas, Op. 2
Compuestas cuando el autor tenía apenas veinte años, las Danzas argentinas constituyen una de las primeras afirmaciones de la identidad musical nacional argentina en el piano del siglo XX.
La primera danza retrata al viejo boyero, figura ligada a la vida rural de las pampas. La segunda, Danza de la moza donosa, ofrece un momento de lirismo suspendido y delicada belleza. La tercera, Danza del gaucho matrero, se ha convertido en una pieza emblemática del repertorio pianístico gracias a su fuerza rítmica, sus violentos contrastes y su espectacular virtuosismo.
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Segunda parte La segunda mitad del recital se centra en algunas de las danzas más célebres de la tradición pianística romántica y moderna. Aquí la danza deja de ser evocación folclórica para convertirse en símbolo de elegancia urbana, pasión o afirmación heroica.
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Frédéric Chopin (1810–1849)
Gran Vals Brillante, Op. 18
Publicado en 1834, este vals marcó el nacimiento del gran vals de concierto. Aunque conserva el refinamiento de los salones parisinos, su objetivo ya no es acompañar el baile sino deslumbrar al oyente. La obra combina elegancia aristocrática, brillantez técnica y un irresistible sentido del encanto melódico. Chopin transforma el vals vienés en una forma poética y virtuosa destinada exclusivamente al escenario.
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Johannes Brahms (1833–1897)
Vals Op. 39 nº 3
Los Valses Op. 39 fueron concebidos inicialmente para piano a cuatro manos. En ellos Brahms rinde homenaje a la tradición vienesa heredada de Schubert y de Johann Strauss, pero añade una riqueza armónica y una profundidad expresiva muy personales. El nº 3, en sol sostenido menor, destaca por su atmósfera íntima y ligeramente nostálgica.
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Frédéric Chopin
Valses Op. 34 nº 1 y nº 2
Estos dos valses muestran dos facetas complementarias del universo chopiniano. El primero, en La bemol mayor, despliega un brillo elegante y festivo. El segundo, en la menor, introduce una dimensión más introspectiva y melancólica, revelando la extraordinaria capacidad de Chopin para convertir una danza social en confesión poética.
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Johannes Brahms
Vals Op. 39 nº 15
Probablemente el más célebre de todos los valses de Brahms, esta miniatura concentra una extraordinaria intensidad emocional en apenas unas páginas. Su aparente sencillez esconde una refinada arquitectura armónica y una profunda nostalgia que la han convertido en una de las páginas más queridas del repertorio romántico. ⸻ Astor Piazzolla (1921–1992) Libertango Compuesto en 1974, Libertango simboliza la emancipación artística de Piazzolla respecto al tango tradicional. El propio título combina las palabras “libertad” y “tango”. La obra sintetiza la esencia del nuevo tango: ritmos urbanos, influencias del jazz, complejidad contrapuntística y una energía irresistible. En versión pianística conserva toda la intensidad dramática y la fuerza hipnótica de la versión original.
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Isaac Albéniz (1860–1909)
Tango, de España Op. 165
Paradójicamente, una de las piezas españolas más famosas jamás escritas no es un tango auténtico. Albéniz utiliza el nombre para crear una evocación idealizada de España, llena de nostalgia y refinamiento melódico. La sencillez de su línea principal y la delicadeza de su acompañamiento han convertido esta obra en una de las páginas más universales del repertorio español.
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Manuel de Falla
Danza ritual del fuego
Extraída del ballet El amor brujo, esta pieza representa un ritual mágico destinado a expulsar a un espíritu obsesivo.
Los ritmos obsesivos, las repeticiones incandescentes y la creciente intensidad convierten esta danza en uno de los momentos más electrizantes de toda la música española del siglo XX.
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Frédéric Chopin
Polonesa en La bemol mayor, Op. 53 “Heroica”
El recital concluye con una de las obras más monumentales del repertorio pianístico. Compuesta en 1842, la llamada Polonesa Heroica representa el máximo exponente de la danza nacional polaca transformada en símbolo de orgullo y resistencia.
Más que una danza para ser bailada, es una proclamación de fuerza colectiva. Su célebre ritmo marcial, sus amplios acordes y su extraordinaria exigencia técnica convierten la obra en un final apoteósico para este viaje musical alrededor del mundo.
La danza, nacida como expresión popular y colectiva, culmina aquí convertida en afirmación artística universal. Desde las aldeas de Bohemia hasta los salones de París, desde las pampas argentinas hasta las calles de Buenos Aires, este programa demuestra que el impulso de bailar constituye uno de los lenguajes más profundos y compartidos de la experiencia humana.
Domingo, 2 de agosto de 2026
Tosca
Ópera en versión Concierto
Director Pablo Mielgo
Reparto
Tosca Lise Davidsen
Cavaradossi Freddie de Tommaso
Scarpia Ludovic Tézier
Angelotti Sebastià Serra
Sagrestano Tomeu Bibiloni
Spoletta Francesco Domenico Doto
Carceriere Yunho Eric Kim
Sciarrone Antimo Dell’Omo
Director Coro Joan Company
Orquesta Sinfónica de las Islas Baleares
Coro Festival Cap Rocat
Giacomo Puccini
Tosca
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Tosca (1900)
Estrenada el 14 de enero de 1900 en el Teatro Costanzi (hoy Teatro dell’Opera di Roma), Tosca representa uno de los puntos culminantes del verismo italiano y, al mismo tiempo, una de las más sofisticadas construcciones dramático-musicales de Giacomo Puccini. Basada en el drama homónimo de Victorien Sardou, la obra articula una intensa concentración teatral en tres actos que se desarrollan en menos de veinticuatro horas y en espacios reales de la Roma napoleónica de 1800. Lejos de ser únicamente un melodrama pasional, Tosca es una obra de extraordinaria precisión estructural y refinamiento orquestal, donde cada gesto musical responde a una lógica dramática rigurosa.
Contexto estético e histórico
Ambientada en el turbulento momento posterior a la batalla de Marengo, la ópera contrapone fuerzas políticas y morales: el absolutismo represivo encarnado por Scarpia frente al idealismo liberal de Cavaradossi, mientras Tosca —artista y creyente— queda atrapada entre ambos polos. Puccini absorbe los recursos del verismo —inmediatez emocional, intensidad teatral, continuidad discursiva— pero los trasciende mediante una orquestación de gran sutileza y un uso altamente elaborado del leitmotiv, heredero tanto de la tradición wagneriana como del sinfonismo tardorromántico centroeuropeo. La acción no se detiene en números cerrados convencionales; fluye con una continuidad casi cinematográfica, sostenida por una escritura orquestal que no acompaña, sino que comenta, anticipa y psicológicamente modela el drama.
Arquitectura musical
Acto I – Iglesia de Sant’Andrea della Valle
El primer acto establece la tensión política y erótica que vertebra la obra. El motivo de Scarpia —construido sobre acordes oscuros y cromatismo incisivo— irrumpe con violencia armónica, creando una identidad sonora inequívoca del antagonista. El imponente Te Deum final constituye una de las páginas más magistrales de Puccini: superposición de coro litúrgico, órgano y la voz solista de Scarpia en una culminación sonora donde lo sacro y lo perverso coexisten en inquietante simultaneidad. Es una síntesis perfecta de teatralidad y arquitectura coral.
Acto II – Palacio Farnese
Este acto, casi claustrofóbico, es el núcleo psicológico de la ópera. La tensión dramática se concentra en el enfrentamiento entre Tosca y Scarpia, donde la orquesta actúa como espacio emocional subyacente. “Vissi d’arte” no es una simple aria lírica: es una suspensión temporal dentro del drama, una plegaria introspectiva que interrumpe la violencia circundante. Su línea vocal, de aparente simplicidad, descansa sobre una armonía cargada de ambigüedad expresiva. El asesinato de Scarpia está acompañado por una escritura orquestal de creciente densidad, donde la tensión armónica alcanza su clímax antes de disolverse en una inquietante quietud.
Acto III – Castel Sant’Angelo
El tercer acto abre con una atmósfera casi impresionista: campanas lejanas, amanecer romano, texturas orquestales delicadamente transparentes. “E lucevan le stelle” se inscribe en la tradición del aria elegíaca italiana, pero con una modernidad armónica que subraya la fragilidad existencial del personaje. La progresión melódica no busca exhibición virtuosa, sino intensidad contenida. El desenlace final, abrupto y sin redención trascendente, consagra el carácter trágico absoluto de la obra. Puccini elimina cualquier consuelo metafísico: la caída de Tosca es definitiva, casi brutal en su economía teatral.
Lenguaje musical y dramaturgia
Puccini construye en Tosca un tejido sinfónico compacto donde los motivos temáticos funcionan como núcleos psicológicos más que como simples identificadores dramáticos. La armonía cromática, la densidad orquestal y la atención al color instrumental sitúan la partitura en diálogo con el postromanticismo europeo. La economía temporal —tres actos concentrados, sin digresiones— refuerza la intensidad narrativa. No hay escenas accesorias: cada momento es estructural.
Conclusión
Tosca no es únicamente una historia de amor y violencia; es un estudio sobre el poder, la fe, la moral y la fragilidad humana. En ella, Puccini alcanza un equilibrio singular entre inmediatez emocional y sofisticación compositiva. Más que una ópera verista, es una obra de arquitectura dramática rigurosa, donde la música no ilustra la acción: la crea.

