Primavera 2026

Sábado, 18 de abril de 2026

Francisco Fullana y amigos


Reparto

Violín Francisco Fullana

Violín Nina Heidenreich

Viola Eszter Haffner

Viola Hanga Fehér

Cello Antonia Straka

Cello Llorenç Rosal


String Quartet No. 62 Il turco in Italia

I. Allegro

II. Poco Adagio: Cantabile

III. Menuetto

IV. Finale: Presto

Joseph Haydn

Isaac Albéniz


Asturias —para solo de violín

INTERMEDIO


Souvenir de Florence —Op. 70

Allegro con spirito

Adagio cantabile e con moto

Allegretto moderato

Allegro con brio e vivace

Piotr Ilich Chaikovski

  • PRIMERA PARTE

    Joseph Haydn (1732–1809)
    Cuarteto de cuerda nº 62 en Do mayor, Op. 76 nº 3 “Emperador”

    Compuesto en 1797, el Cuarteto Op. 76 nº 3 pertenece al último grupo de cuartetos escritos por Haydn, considerado el padre del género. Estas obras representan la culminación de toda su experiencia en la escritura para cuatro instrumentos de cuerda, combinando equilibrio formal, ingenio temático y una extraordinaria riqueza expresiva.

    El sobrenombre “Emperador” procede del segundo movimiento, construido sobre una melodía que Haydn había compuesto poco antes como himno para el emperador Francisco II de Austria: Gott erhalte Franz den Kaiser. Esta melodía, que más tarde se convertiría en el himno nacional alemán, aparece en forma de variaciones, manteniendo siempre una atmósfera noble, serena y contemplativa.

    El primer movimiento se abre con un carácter brillante y afirmativo, donde los cuatro instrumentos participan activamente en el discurso musical. El minueto presenta un carácter robusto y rítmico, de energía casi sinfónica, mientras que el finale despliega un espíritu juguetón y virtuoso que cierra la obra con elegancia y ligereza.

    Este cuarteto es uno de los ejemplos más perfectos del equilibrio clásico entre claridad estructural y profundidad expresiva.

    Isaac Albéniz (1860–1909)
    Asturias (Leyenda)

    Aunque hoy es una de las páginas más célebres del repertorio guitarrístico, Asturias (Leyenda) fue originalmente compuesta para piano y forma parte de la Suite española de Albéniz. Paradójicamente, la pieza no evoca la región de Asturias, sino el carácter rítmico y modal del flamenco andaluz.

    La obra se caracteriza por su intenso ritmo de danza, basado en la alternancia de acordes y figuras rápidas que imitan el rasgueo de la guitarra. La sección central introduce un canto amplio y expresivo, de gran aliento melódico, que contrasta con la energía casi percusiva de las secciones externas.

    Su fuerza rítmica, su colorido armónico y su intensidad expresiva han convertido a Asturias en una de las obras más emblemáticas del nacionalismo musical español.

    PAUSA

    SEGUNDA PARTE

    Piotr Ilich Chaikovski (1840–1893)
    Souvenir de Florence, Op. 70

    Compuesta entre 1890 y 1892, Souvenir de Florence es una de las obras camerísticas más ambiciosas de Chaikovski. Escrita para sexteto de cuerda, la pieza recibe su nombre de los bocetos iniciales realizados durante una estancia del compositor en Florencia. Sin embargo, su carácter es profundamente ruso, tanto en sus temas como en su intensidad emocional.

    El primer movimiento presenta un tema principal enérgico y apasionado, de impulso casi sinfónico. El segundo movimiento ofrece uno de los momentos más líricos de toda la producción camerística de Chaikovski: una amplia melodía cantabile de gran profundidad expresiva.

    El tercer movimiento introduce un carácter más ligero y danzante, aunque siempre teñido de la melancolía característica del compositor. Finalmente, el cuarto movimiento irrumpe con una energía desbordante, inspirada en ritmos y giros melódicos del folclore ruso, conduciendo la obra hacia un final brillante y virtuosístico.

    Souvenir de Florence combina la riqueza tímbrica de seis instrumentos de cuerda con la intensidad emocional y el dramatismo propios del lenguaje sinfónico de Chaikovski, convirtiéndose en una de las grandes obras maestras del repertorio de cámara.

Sábado, 25 de abril de 2026

David Khrikuli

Recital de piano


2 Preludios —Op. 11: nº 10 y nº 14

Enigma —Op. 52 nº 2

Dans languide —Op. 51 nº 4

2 Danzas —Op. 73

Sonata nº 10 —Op. 70

Alexander Scriabin

Franz Liszt

Sonata Après une lecture de Dante, de Années de pèlerinage, Deuxième année : Italie

INTERMEDIO



Polonesa —Op. 44 en fa sostenido menor

Vals —Op. 64 nº 1 en re bemol mayor

Mazurca —Op. 56 nº 3 en do menor

Sonata nº 3 —Op. 58 en si menor

Frédéric Chopin

  • Este recital propone un recorrido por tres universos pianísticos que, aunque nacidos del Romanticismo, se proyectan hacia territorios muy distintos: el misticismo visionario de Scriabin, el dramatismo literario de Liszt y la elegancia profunda de Chopin. Juntos trazan un arco que va desde la intimidad lírica hasta la expresión más trascendente y visionaria del piano.

    Scriabin: del lirismo a la trascendencia

    Alexander Scriabin ocupa un lugar único en la historia del piano. Formado en la tradición romántica rusa, especialmente bajo la influencia de Chopin, su lenguaje evolucionó hacia un universo sonoro cada vez más libre, simbólico y espiritual.

    Los Preludios Op. 11, escritos en su juventud, recuerdan directamente al modelo chopiniano: miniaturas intensas, concentradas y de gran refinamiento armónico. En ellos ya se percibe su inclinación hacia la armonía cromática y el carácter introspectivo.

    Con obras como Enigma y Danse languide, pertenecientes a su etapa media, el lenguaje se vuelve más ambiguo y sensual. La música parece flotar en una atmósfera de sugestión, donde la tonalidad se diluye y el gesto pianístico se convierte en un vehículo de estados psicológicos más que de formas tradicionales.

    Las Dos Danzas, Op. 73 pertenecen a su último periodo creativo, caracterizado por una escritura etérea, casi incorpórea. Aquí el sonido parece liberarse de la gravedad tonal para buscar una dimensión mística y luminosa.

    La Sonata nº 10, una de sus últimas obras para piano, es una auténtica visión sonora. A menudo llamada la “sonata de los insectos” por el zumbido de sus trinos y figuraciones, esta obra evoca un mundo de vibraciones, luz y transformación espiritual. Más que una forma clásica, la sonata es un proceso de transfiguración, que conduce desde un estado contemplativo hasta una explosión de energía radiante.

    Liszt: el drama de Dante

    La Sonata “Après une lecture de Dante” es una de las obras más poderosas de Franz Liszt. Inspirada en la Divina Comedia de Dante, la pieza representa un viaje desde las tinieblas del infierno hacia una dimensión de redención y luz.

    Desde sus primeros acordes, cargados de tensión, la obra presenta un mundo sonoro turbulento, lleno de contrastes violentos y pasajes de gran virtuosismo. El tema principal, de carácter oscuro y descendente, evoca el sufrimiento y la condena, mientras que los episodios líricos representan momentos de amor y redención.

    La obra se construye como un poema sinfónico para piano, donde la narrativa literaria se transforma en una arquitectura musical monumental, culminando en un final de gran brillantez y trascendencia.

    Chopin: la nobleza del alma polaca

    La segunda parte del recital está dedicada íntegramente a Frédéric Chopin, el gran poeta del piano. Su música, profundamente personal, combina elegancia, melancolía y una profunda conexión con la tradición musical polaca.

    La Polonesa Op. 44 es una de las más dramáticas y complejas del compositor. En ella, el carácter noble y marcial de la danza polaca se combina con un episodio central en forma de mazurca, creando una obra de gran intensidad emocional y estructura innovadora.

    El célebre Vals Op. 64 nº 1, conocido como el “Vals del minuto”, muestra el lado más brillante y ligero de Chopin. Su carácter virtuoso y su ligereza aparente esconden una gran precisión rítmica y elegancia.

    La Mazurca Op. 56 nº 3 representa el lado más íntimo y nostálgico del compositor. En ella, el lenguaje armónico es sorprendentemente audaz, anticipando sonoridades del siglo XX, mientras el ritmo de la danza polaca se transforma en una expresión profundamente personal.

    El recital culmina con la Sonata nº 3, una de las grandes cumbres del repertorio pianístico romántico. En esta obra, Chopin combina la arquitectura clásica con su inconfundible lirismo. El primer movimiento presenta un dramatismo intenso, seguido por un scherzo brillante y un movimiento lento de gran belleza cantabile. El final, enérgico y virtuoso, cierra la obra con un gesto de brillante afirmación.